La primera vez que siempre estuvo pendiente
Cuando OCESA confirmó en enero de 2026 que Royel Otis llegaría “desde el otro lado del Pacífico por primera vez a la Ciudad de México”, la frase era la descripción literal de uno de los debuts más esperados por la comunidad indie capitalina en años recientes. El dúo formado por Royel Maddell (guitarra, voz) y Otis Pavlovic (batería, producción y también voz) había construido desde Sydney una base de fans latinoamericana enorme y completamente orgánica —alimentada por el gancho irresistible de PRATTS & PAIN (2024) y el seguimiento masivo de hickey (2025)— pero hasta este domingo 29 de marzo, esos fans solo habían podido vivirlos a través de una pantalla.
La anticipación era palpable antes de que abrieran las puertas del Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes a las 19:00 horas. En su entrevista previa con Indie Rocks!, Otis Pavlovic había sido elocuente sobre lo que significaba llegar a México: “Los fans han viajado por el mundo diciendo ¡tienen que ir a México!”, una frase que habla del nivel de presión —del mejor tipo— con que el dúo llegó a la CDMX esa noche. El show en la capital formó parte de un recorrido que también incluyó una presentación en el Tecate Pa’l Norte de Monterrey y un sideshow previo en esa ciudad, convirtiendo este primer tour en México en un recorrido de tres fechas.

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Un setlist construido sobre dos álbumes y algunos covers memorables
El repertorio que Royel Otis desplegó en el Pabellón Oeste fue un recorrido equilibrado entre las dos caras de su discografía. Basándonos en el setlist que la banda ha mantenido consistente durante este tramo latinoamericano de la gira —incluyendo su presentación en el Lollapalooza Chile— el show inició con “i hate this tune”, un arranque que en el contexto de un debut en un país nuevo funciona como una paradoja perfecta: la canción con ese nombre provocó desde los primeros segundos exactamente lo contrario de lo que su título dice.
A ella le siguió una secuencia que repasó los momentos más queridos de PRATTS & PAIN: “Adored”, “Heading for the Door”, “Kool Aid” y “moody” —esta última una de las favoritas del público latinoamericano— sonaron con una claridad y una energía que demostraron por qué el dúo tiene fama de ser una banda excepcional en vivo. Los nuevos cortes de hickey, incluyendo “car” y “come on home”, encontraron en el Pabellón Oeste el mismo recibimiento cálido que los temas más establecidos del catálogo, confirmando que la base de fans mexicana conoce el nuevo material con la misma profundidad que los éxitos anteriores.
Uno de los momentos más celebrados fue la inclusión del cover de “Murder on the Dancefloor” de Sophie Ellis-Bextor, una versión que la banda ha convertido en uno de los puntos álgidos de su gira y que en el Pabellón Oeste generó uno de los picos de euforia colectiva más memorables de la noche.

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El inicio de una relación que apenas comienza
El show del domingo 29 de marzo no fue solo un concierto; fue el inicio de algo. La respuesta del Pabellón Oeste —que recibió al dúo con la euforia de quien ha esperado este momento durante años— fue la evidencia más clara de que la base de fans de Royel Otis en México es profunda, real y completamente lista para recibirlos en recintos aún más grandes en un futuro próximo.
El perfil de quien asistió al show fue revelador: una audiencia predominantemente joven, formada en gran parte por fans que descubrieron a la banda a través de plataformas de streaming y que llegaron al Pabellón Oeste con un conocimiento detallado de su catálogo completo. Eso, en el contexto de un primer concierto en solitario en el país, habla de una conexión orgánica y sostenida que muy pocas bandas internacionales logran construir antes de su primer show local. La pregunta ya no es si Royel Otis volverá a México. La pregunta es cuándo, y si para entonces el Pabellón Oeste seguirá siendo suficiente.














