De las Tirando Flow Sesh al pop electrónico: el camino que nadie vio venir
Dan García lleva en la industria desde 2017. En ese tiempo pasó por una boyband, se consolidó en el movimiento urbano mexicano gracias a las “Tirando Flow Sesh” y colaboró con figuras como El Malilla, El Bogueto y Danny Flow — nombres que definen una época muy específica del trap y el reggaetón en México. Desde afuera, todo parecía funcionar. Desde adentro, el artista llegó a un punto de quiebre.
La crisis no fue de ventas sino de identidad. García reconoció abiertamente que la música que interpretaba había dejado de representar quién era — una brecha entre la imagen proyectada y la persona real que, eventualmente, se vuelve insostenible. La decisión de salir de esa zona no fue cómoda ni rápida: tomó años de trabajo, de conversaciones con productores y de una honestidad brutal consigo mismo para llegar a lo que hoy es DREAMBOY.
Lo que hace significativo ese trayecto no es el cambio de género — es lo que ese cambio representa. Muchos artistas ajustan su sonido por tendencia. García lo hizo por necesidad. Y esa diferencia se escucha.

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Qué es DREAMBOY y cómo suena
DREAMBOY es un álbum de 12 canciones que construye un universo propio donde el pop, la electrónica y la introspección conviven sin que ninguno aplaste a los otros. El proyecto llega cobijado por Sony Music y cuenta con colaboraciones de ND Kobi’, Mario Santander y MiSHNRZ, productores y compositores que ayudaron a dar forma a un sonido que García describe como finalmente suyo — reconocible sin importar el ritmo que lo envuelva.
El sencillo “SÁLVAME” es la puerta de entrada al disco y también su declaración más clara. Una pieza de electro-pop que García escribió originalmente para su prometida y que funciona como el inicio de la narrativa espiritual y emocional del álbum. No busca sonar comercial ni provocar — busca sanar, tanto al artista que la escribió como al oyente que la recibe. Ese es el tono que sostiene DREAMBOY de principio a fin.
La elaboración física del disco tomó dos años de trabajo intenso, pero García insiste en que en realidad le tomó diez años llegar a él. Desde su primer día en la música soñó con tener un álbum propio, encontrar un sonido que lo definiera y poder decir, sin dudar, “esto soy yo”. DREAMBOY es ese momento.

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La vulnerabilidad como postura, no como debilidad
Uno de los ejes más claros de DREAMBOY es su apuesta por mostrar al artista sin filtros. García abandona conscientemente la imagen del “bad boy” que construyó en sus años de trap y elige el camino opuesto: un artista que habla de amor, de tristeza, de miedo y de ilusión sin disculparse por ello. En un ecosistema musical donde la dureza sigue siendo moneda de cambio, esa decisión tiene peso real.
“Lo que necesitamos hoy es permitirle a los jóvenes ver que ser vulnerable y estar enamorado o triste es cool”, dijo García al hablar del concepto del disco. No es una postura calculada — es la conclusión de alguien que pasó años proyectando algo que no sentía y que finalmente encontró el valor de hacer lo contrario. DREAMBOY no es el disco de un artista que se reinventa para seguir vigente; es el disco de alguien que por fin hace lo que siempre quiso.
El resultado es un álbum que García define como un esfuerzo colectivo: aunque la semilla fue suya, el equipo detrás de DREAMBOY — productores, compositores, sello — convirtió esa visión en algo que trasciende la suma de sus partes. Un debut que llega tarde en el calendario pero exactamente a tiempo en la carrera.











