La relación de Kali Uchis con México no empezó en una arena ni con un hit en el número uno. Empezó en una carpa. Era 2018 y la artista colombo-estadounidense, recién lanzada su mixtape Drunken Babble (2012) y en plena campaña de su debut discográfico Isolation, se presentó por primera vez en el país como parte del cartel del Vive Latino. Lo que llamó la atención no fue el tamaño del recinto, sino la reacción: la Carpa Doritos se llenó a reventar, con cientos de fans coreando letra por letra canciones de un disco que en ese momento muchos mercados internacionales todavía no habían procesado del todo.
Esa misma noche dejó claro que México era un territorio distinto para ella: un público que llegaba preparado, que conocía el material a profundidad y que respondía a su propuesta con una entrega que pocas veces se ve en primeras visitas. Meses después, la artista volvió a la capital para un concierto en solitario en El Plaza Condesa, un venue de capacidad media que agotó entradas sin mayor problema. Las crónicas de la época destacan que fue el show con más fans cantando en unísono de toda esa temporada de conciertos en el recinto, y que Kali se tomó el tiempo para interactuar directamente con el público, pedir canciones y contar las historias detrás de sus letras, algo que no hacen muchos artistas internacionales en mercados que consideran secundarios.
Ese origen importa. Explica por qué, cuando en 2020 llegó “Telepatía” y se convirtió en un fenómeno viral global, México no fue solo un mercado más que se sumó a la tendencia: fue uno de los países donde la canción encontró su base más sólida y duradera, impulsada por fans que ya llevaban años siguiendo a Kali antes de que el algoritmo la pusiera en la pantalla de todo el mundo. La canción acumula más de 2 mil millones de streams en Spotify, y fue la canción en español de mayor duración en el Billboard Hot 100 por un acto en solitario en esta década, con 23 semanas consecutivas. México fue parte central de ese logro.

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Después de los primeros shows, Kali Uchis siguió apareciendo en México en el contexto de festivales: el AXE Ceremonia, el Tecate Emblema y otras ediciones del Vive Latino la tuvieron como nombre cada vez más destacado en el cartel, siempre con sets que dejaban al público con ganas de más y con la pregunta recurrente de cuándo vendría en solitario con producción completa. La respuesta tardó, en parte por los años de pandemia que interrumpieron toda agenda de giras, y en parte porque el salto a recintos grandes requería de un catálogo y un nombre que lo sostuviera.
Ese catálogo llegó con claridad en 2020 con Sin Miedo (del Amor y Otros Demonios), su primer álbum íntegramente en español, que marcó un antes y un después en su relación con el público latinoamericano. Para muchos fans mexicanos, ese disco fue el momento en que Kali Uchis dejó de ser “esa artista de R&B que canta en inglés con algo de español” para convertirse en una voz propia de la cultura latina, capaz de moverse entre el bolero, el R&B oscuro y el dream pop sin perder coherencia. El sencillo “Telepatía” se volvió viral en TikTok durante la pandemia, con coreografías que en México generaron millones de visualizaciones y colocaron la canción como la banda sonora de una generación entera encerrada en casa.
El siguiente salto llegó con Orquídeas (2024), su cuarto álbum y segundo proyecto en español, que debutó en el número 2 del Billboard 200 y generó dos de sus hits latinos más grandes: “Igual Que Un Ángel” junto a Peso Pluma —que llegó al número 1 en Hot Latin Songs y al top 25 del Hot 100— y “Labios Mordidos” junto a KAROL G, certificada en oro. Ambas colaboraciones tenían un elemento clave para el mercado mexicano: Peso Pluma, el artista más grande de México en ese momento, prestando su voz y su universo cultural a una canción que sonó en absolutamente todos los rincones del país. Esa sinergia consolidó a Kali no solo como una artista que México quiere, sino como parte activa de su ecosistema musical.
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La primera gira nacional y lo que significa llegar al Palacio de los Deportes
Aunque la historia de Kali Uchis en México tiene ya varios años de construcción, algo es claro cuando se revisan los datos: nunca antes había hecho una gira nacional en el país. Sus visitas previas habían sido shows aislados en la CDMX o apariciones en festivales multi-artista. Eso hace que “The Sincerely, Tour” sea su primera gira con múltiples fechas en México, con paradas en Monterrey (Auditorio Citibanamex), Guadalajara (Auditorio Telmex) y Ciudad de México (Palacio de los Deportes), confirmando que el mercado mexicano ya no es solo una escala, sino un destino prioritario de su agenda.
La elección de venues habla por sí sola del crecimiento de su convocatoria. Si en 2018 llenó el Plaza Condesa —capacidad aproximada de 2,000 personas—, en 2026 el Palacio de los Deportes tiene una capacidad de 26,000 personas para este tipo de eventos. Ese salto, de 2,000 a 26,000 en ocho años, es el resumen más elocuente de una artista que construyó su audiencia mexicana de manera orgánica, sin depender de un golpe de suerte viral ni de una colaboración estratégica: aunque “Telepatía” y el dueto con Peso Pluma aceleraron el proceso, la base ya estaba ahí mucho antes.
El show del 25 de febrero en el Palacio de los Deportes cierra, además, el tramo latinoamericano completo de la gira, convirtiendo a la CDMX en el punto final de un tour que comenzó en São Paulo el 8 de febrero. Para OCESA y Live Nation, elegir México como cierre de gira no es un detalle menor: es un reconocimiento explícito de que esta fanbase, que lleva ocho años construyéndose desde una carpa del Vive Latino, se ha convertido en una de las más importantes de toda la región. Para los fans que estuvieron desde el principio, la noche del Palacio es el cierre de un ciclo y, al mismo tiempo, el punto de partida del siguiente capítulo.
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